Eliana Goldur-Goligdur, la reconquista de un linaje gallego perdido en Argentina
Su llegada a Ourense hace cerca de un año y medio cierra un círculo familiar que arranca setenta años atrás cuando su abuela, de apellido Rial y natural de Noia, abandona Galicia para llegar al Uruguay y de ahí cruzar a Argentina, formar una familia y nunca más volver
“¿Me paro de cabeza?”, acaba la entrevista con Eliana Soledad Goldur-Golidgur Lawrynowicz y empieza el recreo. Nacida en el Conurbano Bonaerense hace treinta y tres años, le complace vivir en una ciudad a la que puede llegar a todas partes andando. “Me gusta -afirma-, es cómoda, te acoge, el río y la naturaleza me encantan, estás a una hora de la playa…”, ensalza así las virtudes de un lugar en el que todavía van ganando los amigos argentinos y uruguayos por encima a los locales.
Su llegada a Ourense hace cerca de un año y medio cierra un círculo familiar que arranca setenta años atrás cuando su abuela, de apellido Rial y natural de Noia, abandona Galicia para llegar al Uruguay y de ahí cruzar a Argentina, formar una familia y nunca más volver. A pesar de que su nieta tenía meses cuando ella falleció, recibió su justa herencia cultural a través de las empanadas que cada año preparaba su madre por navidad. “Mi bisabuelo escribía a mi madre y pensábamos que no sabía hablar”, confiesa sobre las cartas de un hombre que en gallego trataba de comunicarse con su familia allende mares.
Beca de la Xunta
A Eliana no le llegó el apellido pero sí una BEME, una beca de la Xunta destinada a financiar los estudios de máster de jóvenes en el extranjero que tienen orígenes gallegos. Gracias a ella se formó en gestión empresarial del deporte, complementando sus estudios previos en administración, yoga, pilates y otras disciplinas.
Goldur-Golidgur levanta una pierna. Lo hace con la gracilidad de quien no siente el peso de las carnes. Esas extremidades la llevaron por distintas partes del mundo. “Viví en Nueva Zelanda y viajé mucho por ocio”, comenta, y es con esas zancas que se desplaza desde el barrio del Posío donde vive con su gatita, también argentina, a los centros privados y asociaciones vecinales donde también “brinda clases” de gimnasia para la tercera edad. “Yo digo levantamos la cola al cielo y aquí le dicen culo”, comparte algún simpático malentendido Eliana para referirse al ‘perro boca abajo’, una postura invertida de yoga.
“Amo el fútbol”, comenta sobre sus aficiones, con un acento que suena almibarado como el dulce de leche, su postre favorito. Conoce los estadios del Ourense, Celta, Atletic y Betis, es “socia de una cancha” en Argentina y sueña con trabajar en la FIFA.
“No, me matas”, casi ruega el fin de un interrogatorio cruel en preguntas sobre cultura general autóctona. Pese a llevar poco tiempo y a veces no entender a sus no tan jóvenes alumnos del rural, se declara primero gallega que española en el juego de ordenar calificativos patrios.
“Ser mujer y caminar sola por la calle cuando volvés de bailar… no sucede”, matiza en relación a su país, que reconoce no extraña demasiado. Se siente cómoda Eliana en estas tierras del Miño y ni niega ni afirma cuando se le pregunta si su estancia en Ourense será para largo. “Desde que llegué he recorrido bastante”, comenta. Misterio es si el límite está en Viena o Entrimo. Así es la vida del trotamundos, cada día una aventura. Muchas virtudes tiene esta villa pero un gran defecto, según Goldur-Golidgur Lawrynowicz “que no tiene aeropuerto”.
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