Ourense sigue haciendo historia. Alberto Núñez Feijóo, un político con carisma propio, visitó Buenos Aires

La nutrida agenda que lo ocupó en Montevideo y Buenos Aires, recorrió los medios porteños y españoles, por lo cual no es eje central de esta crónica detallarla

Celia Otero Ledo
Publicado: 12 nov 2022 - 12:29
Feijóo fue recibido en la Legislatura de Buenos Aires por el presidente, legisladores y Pablo Garzonio, subsecretario de Relaciones Internacionales
Feijóo fue recibido en la Legislatura de Buenos Aires por el presidente, legisladores y Pablo Garzonio, subsecretario de Relaciones Internacionales

Para quien ama la lisonja, es enemigo quien no es adulador

Benito Feijóo.

Reconocido por su vino, su Ribeira Sacra y las aguas termales que fascinaron a los romanos, Ourense es considerado, además, la Atenas de España. Figuras de la literatura de la jerarquía del Padre Feijóo, Ramón Otero Pedrayo, o Eduardo Blanco Amor, por nombrar sólo algunos, dan cuenta de ello.

Tuve conocimiento de la visita a Buenos Aires de Alberto Núñez Feijóo, quien nació en Orense, en 1961 y llegó a los más altos planos del poder político. Actualmente preside el Partido Popular y es Senador en las Cortes Generales por designación del Parlamento de Galicia y fue Presidente de la Xunta de Galicia entre 2006 y 2022.

La nutrida agenda que lo ocupó en Montevideo y Buenos Aires, recorrió los medios porteños y españoles, por lo cual no es eje central de esta crónica detallar la misma.

Para una nativa como yo de un ayuntamiento-Dozón- lindante con Ourense, fue de especial interés presenciar alguno de los eventos que lo ocuparon. Aunque los actos sean formales y se rijan por protocolos conforme a las circunstancias, las personalidades siempre dejan en el ámbito en que se mueven algo más que las palabras discursivas. Con ese objetivo me dirigí el lunes siete de Noviembre a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires que lo distinguiría como visitante ilustre.

Llegó con retraso justificado. Las intervenciones de los alumnos de la Universidad en que se encontraba dando una conferencia, habían excedido el tiempo y el número previsto. Este dato introdujo en mí una percepción novedosa. Los estudiantes no suelen abocarse a preguntas entusiastas luego de una alocución formal, si el disertante no acapara con sus contenidos y su carisma la atención de los mismos. No son un público fácil, diríamos.

El auditorio de la Legislatura de Buenos Aires estaba completo ante la visita de Alberto Núñez Feijóo
El auditorio de la Legislatura de Buenos Aires estaba completo ante la visita de Alberto Núñez Feijóo

Lo vi ingresar al Salón, colmado en especial por miembros de la colectividad española y gallega en particular, que allí esperábamos. Lo hizo con aplomo, gesto amable y distendido, como si no tuviera ya en su haber de ese jornada y las anteriores una multiplicidad de actos, eventos, y presentaciones. Fue lo habitual en estos días y en su larga carrera política, veinte años de acción pública. Sin embargo, su media sonrisa, un gesto sutil y agradecido, fueron el signo externo de su cordialidad.

Fue recibido por las palabras del presidente de la Legislatura, Emmanuel Ferrario acompañado del diputado Claudio Romero y la diputada Cecilia Ferrero. Su discurso fue contundente, ajustado en tiempo y contenido. En él remarcó la convergencia histórica que une a la Argentina y en especial a Buenos Aires, con España y prioritariamente con Galicia, la importancia de los vínculos de aquella orilla con esta y con todo el Mercosur, fundamentada en que “compartimos lengua, costumbres, historia y juntos potenciaremos nuestras economías”. Resaltó el número de españoles en Argentina, alrededor de 500.000 que hoy testimonian las consecuencias del proceso inmigratorio y la importancia de este colectivo en todos los procesos sociales, económicos y culturales. Mencionó asimismo a los 250.000 argentinos que hoy residen en España, y aclaró que la cordialidad y hospitalidad que caracterizaron a los argentinos y porteños debía ser correspondida por España.

Alberto Núñez Feijóo recibiendo de manos de Emmanuel Ferrario, el presidente de la Legislatura de Buenos Aires el diploma de Visitante Ilustre y la correspondiente medalla
Alberto Núñez Feijóo recibiendo de manos de Emmanuel Ferrario, el presidente de la Legislatura de Buenos Aires el diploma de Visitante Ilustre y la correspondiente medalla

Antes de recibir su diploma y medalla, hizo mención a que ya tenía en su haber otro de similar valor y que no podría recibir el de ciudadano ilustre, porque no había nacido en Buenos Aires. Fue con ese comentario que reparé en él ductilidad, poco frecuente, de quien puede combinar lo formal con el humor. Algo que hace de un político un ser de carisma, diferente, porque lo humaniza y lo aleja del acartonamiento propio de los protocolos y los temas duros que aborda. Cerró su alocución elogiando a la ciudad, a la que ve, cada vez que la visita, más linda, con sus parques admirables, más organizada y con mayor infraestructura. Apuesta a que Argentina toda sea Buenos Aires, en breve tiempo, porque su potencialidad es innegable.

Feijóo recibiendo obsequios tradicionales que le entrega la diputada Cecilia Ferrero, acompañada del presidente de la Legislatura, Emmanuel Ferrario, y el diputado Romero
Feijóo recibiendo obsequios tradicionales que le entrega la diputada Cecilia Ferrero, acompañada del presidente de la Legislatura, Emmanuel Ferrario, y el diputado Romero

Reclamado por el siguiente evento que se llevaría a cabo en el icónico Club Español, no perdió sin embargo la afabilidad para saludar afectuosamente a la diputada Cecilia Ferrero que le hizo entrega del obsequio tradicional, y mencionar la calidad de esa prenda especial para el frío del invierno europeo, que evidentemente fue tenido en cuenta, dijo, con picardía.

Alberto Núñez Feijóo en el Club Español con Cecilia Ferrero y Alejandro López Dobarro, delegado de la Xunta de Galicia en Argentina
Alberto Núñez Feijóo en el Club Español con Cecilia Ferrero y Alejandro López Dobarro, delegado de la Xunta de Galicia en Argentina

Antes de partir, urgido por los tiempos, recibió el saludo efusivo de Pablo Garzonio, subsecretario de Relaciones Internacionales de la Legislatura, quien lo conoce desde sus primeras visitas, como lo demuestran las fotos que testimonian esos viajes y la relación estrecha de Núñez Feijóo y las instituciones de la Ciudad.

Esa noche me dispuse a ver la entrevista que un reconocido periodista le hizo en el programa Odisea. Sería el momento de espiar mediante la lente de la cámara el revés de la trama.

Estadista, esa es la palabra que me dejó como síntesis. Un hombre que habla de problemas con miras a cuarenta años por delante, que los vincula con el momento histórico en que se gestaron, que no elude el tema de la guerra Rusia-Ucrania, ni el problema de haber perdido la autonomía energética, “no siempre se puede poner en agenda absoluta el tema ambiental, sobre todo si eso compromete el autoabastecimiento”. Un político que expresa que no se hace lo que se desea sino lo que se puede, que los recursos son finitos, que honrar las deudas y gastar lo que se tiene es un principio elemental de una buena gestión, aunque no compre simpatías, es alguien que combina la calidad de estadista con su carisma y que apuesta a su liderazgo.

Sobresalió con la enfática expresión: La libertad y la democracia no son negociables porque dejaríamos de ser quiénes logramos ser. Se pierden muy rápido y se tarda mucho en recuperarlas. Europa, con todos sus problemas es la región del mundo en que estas banderas ondean y junto a ellas un bienestar, el mayor posible, para las mayorías.

Apagué el televisor rememorando sus palabras de la mañana:

Tal vez en mi próximo viaje, dijo, venga como presidente de España, ya lo he hecho como presidente de la Xunta y ahora del Partido Popular. Y siempre me siento como en casa.

Celia Otero Ledo

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