En Asturias se celebra San Hilarión, una fiesta "importada" de Cuba por un emigrante colungués
Enrique Caravia, natural de Colunga, fue uno de los muchos asturianos que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX emigraron a Cuba en busca de nuevas oportunidades.
La localidad de Colunga, en Asturias, celebra cada año una festividad que guarda un vínculo especial con la isla de Cuba: la Fiesta de San Hilarión. Una tradición que tiene sus raíces en la experiencia migratoria de un colungués que viajó al Caribe en busca de una vida mejor.
Enrique Caravia, natural de Colunga, fue uno de los muchos asturianos que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX emigraron a Cuba en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, a diferencia de otros paisanos que contaban con algún apoyo familiar o conexiones previas que les facilitaban la adaptación en un país nuevo, Caravia llegó a Cuba sin más respaldo que su determinación y coraje. Pronto, las circunstancias adversas lo dejaron en una situación de extrema precariedad en la localidad cubana de Guanajay, en el occidente de la isla. Sin techo bajo el cual resguardarse ni medios para subsistir, su destino parecía incierto.
La ayuda vino de la mano del sacerdote José María del Valle, un asturiano de Pivierda, quien al enterarse de la situación de su compatriota, no dudó en brindarle refugio. Del Valle permitió que Enrique Caravia se alojara en la sacristía de su iglesia, ofreciéndole así un lugar donde dormir y el apoyo necesario para estabilizar su vida en la isla. Fue en esta iglesia donde Caravia conoció la figura de San Hilarión, el santo venerado en esa parroquia, quien se convertiría en su protector y guía espiritual.
Desde entonces, Caravia desarrolló una profunda devoción por San Hilarión, el santo de la abstinencia y el ayuno perpetuo, guardando siempre una estampita del santo en su cartera. Años más tarde, ya de regreso en Colunga y con una posición más acomodada, Caravia no olvidó la protección que sintió bajo el amparo de San Hilarión y decidió honrar al santo en su tierra natal.
Fue así como el fervor y amor por San Hilarión comenzó a propagarse, primero entre la familia de Enrique y luego entre los vecinos del barrio del Solrriveru en Colunga. La devoción se materializó en la talla de una imagen de San Hilarión, realizada por un artista castellano, que se colocó en la Capilla de Santa Ana, donde se venera desde entonces. De esta manera, nació la fiesta patronal en honor a San Hilarión, que se celebra con gran entusiasmo en Colunga, especialmente en el barrio del Solrriveru.
Las celebraciones en honor a San Hilarión incluyen una novena en la Iglesia parroquial, donde la imagen del santo es trasladada para la ocasión. La fiesta popular del barrio es una emotiva manifestación de devoción y alegría, donde las tradiciones locales se mezclan con influencias cubanas, un reflejo de la experiencia de Caravia en la isla. Desde la madrugada, se escuchan los carros del país adornados con gaitas y flores que recorren las calles, despertando a los vecinos para el gran acontecimiento.
Entre las actividades que se han convertido en una parte integral de las celebraciones se encuentran el descenso en "desca" del río Libardón, verbenas animadas inicialmente con organillo y más tarde, cuando los recursos eran escasos, con la famosa orquesta a pedal de Vique el del Esllabayu, así como la tradicional subasta del ramu y la chocolatada.
La Fiesta de San Hilarión no solo honra a un santo, sino que también es un homenaje a la resiliencia y al espíritu solidario que unen a las comunidades asturianas y cubanas a través del tiempo y la distancia, un testimonio viviente de la historia compartida y de la gratitud eterna de Enrique Caravia.
Fuente: Omar Pardo en El Búscolu
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