Biografía| Inés de Castro, la gallega que reinó en Portugal después de muerta

La chica aristócrata Constanza Manuel, había nacido en 1318, era hija del escritor e infante D. Juan Manuel, autor del célebre libro "El Conde Lucanor".

Lois Pérez Leira - loisperezleira@hotmail.com
Publicado: 16 dic 2024 - 00:10
Inés de Castro, la gallega que reinó en Portugal después de muerta.
Inés de Castro, la gallega que reinó en Portugal después de muerta.

En una casa de la nobleza gallega de la bisbarra de la Limia, donde su río recorre los hermosos valles y las montañas del Xurés, divisan como centinelas eternas, en el límite de Portugal, nace en 1320 Inés de Castro, la reina de Portugal que reinó después de muerta.

Hija natural del noble gallego Pedro Fernández de Castro y Aldonza Sonar de Valladares, portuguesa emparentada con la familia real castellana, Inés, queda huérfana de madre siendo muy niña, por lo que es llevada a Valladolid, al Castelo de Peñafiel. Tenía tan solo 10 años cuando fue trasladada a Castilla, donde creció en compaña de Constanza Manuel.

La chica aristócrata Constanza Manuel, había nacido en 1318, era hija del escritor e infante D. Juan Manuel, autor del célebre libro "El Conde Lucanor". Su padre tentó casarla a la edad de ocho años con el rey castellano Alfonso XI, pero la casó posteriormente con el príncipe heredero de Portugal.

Las necesidades políticas de aquellos antiguos reinos ibéricos llevan a Pedro I de Portugal a casarse con Constanza Manuel en 1341, quien se traslada con su séquito personal hasta el pazo real, un año antes del casamiento. El padre de Pedro fue Alfonso IV, rey de Portugal, que mantuvo durante décadas guerras y enfrentamientos con su vecina Castilla, hasta que en el año 1339 ambas coronas se aliaron para combatir a los árabes, con la victoria de la batalla del río Salado. La alianza entre ambos reinos se sella con el casamiento entre el príncipe heredero Pedro y Constanza, que tendrán tres hijos: María, Luis y Fernando, que llegó a ser rey lusitano.

Pedro e Inés durante sus encuentros amorosos
Pedro e Inés durante sus encuentros amorosos

Inés de Castro -según los narradores de la época- era una chica bellísima, de ojos claros, tenía cuerpo esbelto y cuello de cisne. Seguramente su elegante estirpe venía de la realeza sueva. El cierto es que la llegada de Inés a la Corte portuguesa, impactó en los sentimientos de Pedro. Inés no tardó en notar los vistazos apasionados del Infante. Las galanterías demostradas y poco agachadas, de un futuro rey, que suspiraba por una doncella que tenía la dulzura de las mujeres gallegas. Constanza advierte en su interior que su hombre le es infiel, que el corazón de Pedro anida en otra mujer, pero calla. Toda la corte calla un secreto que es conocido por todos. Pedro e Inés se aman y nada podrá impedir este amor. En Coímbra, los bellos jardines de la Quinta de las Lágrimas fueron testigos de sus amores secretos: entre sus majestuosos árboles fluye un riachuelo, bautizado en su memoria como la Fonte de los Amores. Desde allí, don Pedro enviaba mensajes de amor a su amada, enganchados en trozos de madera, que navegaban hasta el convento en el que ella vivía.

La presión familiar obliga a Pedro a esconder la relación. Portugal y Castilla no podían entrar en jóvenes enfrentamientos. La guerra contra los musulmanes era el objetivo fundamental para ambos reinos. Todo semejaba que seguiría su curso natural hasta que Constanza fallece en el parto de su hijo Fernando en 1345. Después de la muerte de la princesa Constanza, Pedro I e Inés de Castro comenzaban un concubinato; de este amor nacerán tres hijos naturales: Beatriz, Juan y Dinís, más otro que murió, tras pocos meses de vida.

Los herederos por parte materna, en caso de un casamiento oficial y el posterior reconocimiento de los hijos, ponían en peligro a la corona, ya que los Castro serían los herederos castellanos de la corona portuguesa. Por otra parte, la influencia que ejercían los hermanos de Inés, Fernando y Álvaro de Castro sobre Pedro, será otro elemento que determinará el trágico desenlace. Alfonso IV, rey de Portugal, pone a la consideración de la Corte el asesinato de Inés, consiguiendo la aprobación de la sanguinaria medida. Para eso son destinados tres caballeros que serían los ejecutores de la sentencia. Sus nombres eran Gonçalves, Coelho y Pacheco. Tanto Inés como Pedro estaban retirados en una de las más bellas ciudades de Coímbra, en la llamada Quinta de las Lágrimas, y hasta allá fueron sus verdugos para acuchillarla, el 7 de enero de 1355, aprovechando la ausencia de Pedro.

Pintura que representa los instantes previos al asesinato de Inés de Castro
Pintura que representa los instantes previos al asesinato de Inés de Castro

Inés, la amante Inés, amada también por su pueblo de adopción, tenía, por aquellos tiempos, tan solo 35 años. Un año antes, los príncipes amantes se habían casado en el más absoluto secreto y sin el conocimiento del rey. Durante la romántica ceremonia oficiada polo obispo de Guarda, los dos amantes se habían jurado amor eterno.

Ante el asesinato de Inés, Pedro, que disfrutaba de gran simpatía popular, igual que la princesa gallega asesinada, se alzó contra su padre, contando con el apoyo del pueblo. El alzamiento popular genera una larga guerra civil, que acabó poco antes de ser coronado, tras la muerte de Alfonso IV, en el año 1357. Los asesinos de su amada Inés de Castro fueron ejecutados. (Pacheco salva su vida refugiándose en la corte papal de Avignon). Pedro I proclamó oficialmente y de manera solemne su matrimonio con Inés de Castro, lo que obligó a las Cortes de Cantahede a coronarla cómo reina después de muerta. Mandó desenterrarla en 1360 y exigió que el pueblo le rindiera homenaje para posteriormente sepultarla definitivamente en el convento de Santa Maria de Alcobaça.

Cuenta la historia que Pedro mandó construir su panteón frente al de Inés, no en paralelo como era costumbre realizar. Ambos panteones estaban enfrentados por los pies, porque quería el día de la resurrección, al incorporarse, poder ver a su amada Inés y reunirse para la eternidad. Ambas tumbas fueron delicadamente talladas a mano y constituyen auténticas obras de arte funeraria gótica. La historia y leyenda de Inés de Castro pasó a ser tema de inspiración de los grandes escritores de todos los tiempos. Las primeras referencias se remontan a las Crónicas de Alfonso IV (Siglo XIV).

Sepulcro de Inés de Castro
Sepulcro de Inés de Castro

Posteriormente, fue base declamada en los versos de la poesía de Trobas a la muerte de dueña Inés de Castro de García Resende (1516), entonces Visãlo de Inés de Castro de Mota (1529) y los que le dieron mayor proyección internacional, los versos citados en Os Lusíadas (1572) del escritor portugués de origen gallego Luis de Camõeres. También se realizaron obras de teatro de carácter dramático, como como por ejemplo la escrita por Antonio Herrera, Traxédia de Dueña Inés de Castro, que fue la primera de este género de la historia de Portugal. El escritor castellano Jerónimo de Bermúdez se inspiró en la temática escribiendo Nise lastimosa (1571) y Nise laureada (1577).

Durante el Siglo de Oro de las letras españolas, Lope de Vega escribió un drama, Inés de Castro y Luis Vélez de Guevara, se consagró con su obra trágica, Reinar después de morir (1625). En Francia su trágica vida fue motivo de inspiración para Antonine Houdar de lana Motte, que en 1723 escribe un libro con este drama. En 1942 Henry Montherlant escribe su obra Lana Reine muerte, con una casi perfecta recreación histórica. En Italia se realizó una ópera en 1835 compuesta por Giuseppe Persiani. En 1976 se estrenó en Baltimore Inés de Castro con libreto de Bernard Stamblery. En el siglo pasado el escritor Alejandro Casona escribió la Corona de amor y muerte, relatando el amor dramático de ambos novios. También fue llevada a las pantallas del cine, en 1944, en una coproducción luso-española Inés de Castro, donde actuaron María Dolores Pradera, Alicia Palacios y Antonio Vilar. En 1997 se rodó Inés de Portugal, una coproducción gallego-portuguesa dirigida por José Carlos de Oliveira, con la actuación de Cristina Homem, en el papel de Inés de Castro. Esta es la historia de amor de la gallega que reinó en Portugal después de muerta, Inés de Castro.

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