Sariana Hernández, venezolana por Cerdeira en bicicleta durante todo el año
Ni el clima ni las distancias son un impedimento para la que necesita trabajar y tiene su hogar en una aldea. Así lo demuestra Sariana Saray Hernández Brito, que se vino a Cerdeira desde Venezuela.
Originaria de Maracaibo, Venezuela, Sariana Saray Hernández Brito llega hace casi un año y medio a esta tierra. En la suya empezó a estudiar Ingeniería del petróleo, pero tuvo que abandonar en el séptimo semestre. “Me faltaban tres para finalizar”, reconoce. “Por más que hubiera querido no tenía el tiempo para acabarla”, concluye.
“Mi migración empezó en Argentina en 2017”, explica. Allá estuvo juntando plata cinco años en bares, parrillas, con niños y últimamente en una tienda de electrónica. “Fui la primera en salir de mi familia”, aclara. “Es difícil dejar el país a la fuerza”, opina. Cuenta episodios en autobuses para ir a las clases que, o bien no funcionaban, o que cuando lo hacían acababan en sustración de cartera. “No poder darte un gusto sencillo como tomar un helado, te hace pensar sobre dónde estás viviendo”, resume sobre el momento en el que, decidieron en familia, emprender un camino sin vuelta.
Nueva vida
“No me gusta el tumulto, la corredera, duré tres meses en Madrid”, comenta. Ahora vive en Cerdeira, un pueblito del ayuntamiento de Xunqueira de Ambía, en la comarca de Allariz-Maceda. Un cuñado que en aquel momento no lo era, se mudó a esa zona, y le animó a que se viniera. “Yo llegué siguiendo a mi madre, que trabaja en hostelería en Madrid”, aclara. “En la capital tenía que recibir a mis hermanas menores en una habitación, aquí pude ofrecerles una casa”, Sariana comenta.
“Mi vida en el pueblo es escasa porque estoy todo el día en la calle, llego a dormir”, explica. Trabaja en una estación de servicio a cincuenta y cinco minutos en bicicleta eléctrica desde su morada. “Soy mesera y pongo gasolina”, explica sonriente, posando en su ‘look’ de jornada libre, primero de frente, luego de espaldas, encantada, por un día, de conocerse.
Trayecto
Intentamos imaginar ese trayecto al empleo de manera romántica con el rostro terso por el frío y el paisaje cambiante de la carretera. “Voy por la nacional aunque llueva, nieve o relampagueé”, apoya Sariana la idea. Diecisiete kilómetros de ida, carga la bicicleta mientras ejerce, y de vuelta otro tanto. Distancias menores se hacían en los años cuarenta andando, o con una mula y un carro.
Patatas y pimientos
“Los fines de semana comparto con los viejitos de la aldea”, comenta. Se ve que las abuelas del pueblo la convidan a arrancar patatas y sacar malas hierbas. “Les gusta conversar conmigo”, comenta alegre. Queremos imaginar también que esa amistad se nutre, además de por la plática, de una contrapartida de tubérculos y hortalizas gallegas. “Sí, sí, claro que me dan”, reconoce Sariana, fan del pimiento rojo, “pimentón” le llama ella, y devota de la ‘carne ó caldeiro’.
Tiene Sariana sangre colombiana porque su papá era de aquel país, y no llegó a conocerlo porque falleció antes de que ella naciera. “En realidad mi abuela materna también es de Colombia”, comenta. “Allí iba en los períodos de vacaciones de la universidad porque en Riohacha, La Guajira, comerciaba”, explica. “Llevaba ropa, relojes, y los vendía”, revela. “Tenía buena ganancia, así junté el dinero para marchar a Argentina”, aclara.
Católica
Más concreta Sariana entre silencios apacibles y más queda claro que lleva años con una hoja de ruta bien pautada. “Soy una mujer trabajadora, estoy enamorada de la vida y soy creyente”, añade. Se declara católica practicante hasta con lo de la vigilia el miércoles de ceniza, y los viernes santos. “Cumplo todo, bueno, más o menos, lo intento”, reconoce. “Yo estoy aquí porque es el tiempo perfecto, si no estuve antes es porque no me tocaba”, comenta, en una reflexión que parece piadosa pero que da sentido a su viaje.
“Quiero comprar una casa, un coche, y traer a mi mamá aquí para que no trabaje”, expresa. Cuenta una hija que pasó la vida luchando hasta hoy con sus cincuenta años, y desea Sariana darle descanso.
Expresiones
Baila de la leche en nuestro castellano a “¡vergación!” en venezolano. Lo primero reconoce que le gusta mucho, lo segundo es una expresión poco fina de su tierra. “Yo no soy mal hablada pero eso reconozco que lo digo bastante”, aclara. Morriñas habrá, pero no se mentan. Posa Sariana Saray frente a los múltiples puentes de nuestro Ourense, atrás quedó aquel de Maracaibo, que cruza la parte angosta del lago de su tierra.
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