El viejo Lavacolla aún espera dueño
La nueva terminal del aeropuerto de Lavacolla cumplió ya cinco meses, el mismo tiempo que llevan abandonadas las anteriores instalaciones. El inmueble, de dos plantas y más de 20.000 metros cuadrados de superficie, está en el mercado desde de octubre, pe
Las señales que guían al conductor en el laberinto de glorietas previo al aeropuerto de Santiago han borrado el rastro de la vieja terminal. Todos los caminos conducen hacia las nuevas instalaciones y no hay opción para quien pretenda hacer un viaje hacia el pasado reciente. El aparcamiento desierto y varias señales reiteran el mensaje para el visitante, pero la vieja torre de control y la gigantesca nave no pasan desapercibidas. Son más de veinte mil metros cuadrados, repartidos en dos plantas, que han descubierto el vacío hace cinco meses. La mudanza al nuevo aeropuerto fue integral. No hay margen para sentimentalismos. En el sector aeroportuario non hay opción a segundas residencias; ocupadas las nuevas instalaciones, había que buscar utilidad al anterior edificio. Esa era la teoría, pero en la práctica no siempre se cumplen los plazos.
AENA creía disponer de un espacio atractivo y, en la caza de potenciales clientes, optó por la elaboración de un vídeo promocional que le permitiese condensar en apenas unos minutos de material audiovisual todos los potenciales usos de inmueble. 'Superficies comerciales, tiendas outlet, espacios para presentaciones de productos, eventos especiales o ferias' tendrían el mejor escaparate en este edificio con vistas a las pistas de aterrizaje del aeropuerto compostelano.
Aunque el Plan Director de Lavacolla prevé la construcción a medio plazo de una nueva terminal de carga y un edificio independiente destinado a Aviación General (para compañías de servicios aéreos y escuelas de aviación), AENA no contemplaba la reserva de este espacio para esos usos y ponía en el mercado la vieja terminal de Santiago. Lo hacía en una oferta conjunta, un pack que incluía otras instalaciones ya obsoletas de Bilbao, de Málaga y Palma y que cuando nacia lo hacía dirigida sobre todo a líneas de negocio, ofertas de ocio, comercio o espacios destinados a la restauración.
El vídeo pone el foco en un puñado de virtudes e incide en que 'los espacios disponibles para la comercialización cuentan con una gran visibilidad', un lugar por el que pasan cada año millones de personas, 'turistas, pasajeros en tránsito y personal del aeropuerto'. AENA insistía, en una primera fase, en las potencialidades comerciales de unas instalaciones con 'facilidades de acceso, rapidez y grandes infraestructuras de transporte, grandes aparcamientos ya construido, pocas obras de ejecución y pocos costes añadidos'.
OPCIONES DESECHADAS
El video ya circulaba meses antes de que se produjese la mudanza, cuando ya se había descartado la posibilidad de que la vieja terminal quedase reservada para el tráfico generado por las compañías de bajo coste.
Había sido desechada también la posibilidad de demoler el edificio, construido en 1969 y ampliado en tres ocasiones; una de las reformas más importantes se producía en los años 80, con la construcción de la nave de carga, pero las obras definitivas llegarían tras el Xacobeo 93, cuando se le daba forma a la terminal de pasajeros que ha estado operativa hasta el pasado mes de octubre.
Los responsables de AENA siempre vieron en estas instalaciones una oportunidad de negocio. El anterior alcalde, el socialista Xosé Antonio Sánchez Bugallo, fue llamado a varias reuniones para darle forma a las intenciones del anterior equipo de Fomento. El regidor intenta mantener la discreción, pero fuentes municipales aseguran que la primera opción barajada era la de un complejo hotelero, con un campo de golf de nueve hoyos y pistas deportivas. La propuesta incluía, además de la terminal aeroportuaria, otros doscientos mil metros cuadrados, incluidas las dos mil plazas de aparcamiento y los terrenos pertenecientes al Aero Club. El ayuntamiento compostelano proponía, en las negociaciones iniciales, el aprovechamiento para uso público de una parte de estas instalaciones.
Ese modelo mixto, ciudad deportiva con instalaciones turísticas, tampoco llegó a buen puerto. 'Los índices de ruidos permitidos en este tipo de instalaciones son muy inferiores a los que se registran en una zona tan próxima al aeropuerto, que también requiere medidas muy especiales de seguridad', apunta uno de los técnicos municipales consultados, que se confiesa partidario de 'reconvertir el inmueble en una terminal de carga' para convertirla así en un referente para todo el noroeste peninsular.
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