Día del Migrante| De Dozón a Buenos Aires
DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE
El emigrante siente que debe esforzarse mucho más que el nativo, porque está rindiendo examen, dando cuenta a quienes lo cobijaron, de su nobleza, sus condiciones y su disposición a entregar siempre un poco más de esfuerzo.
Mi sentimiento ha sido, y aún lo es, el de quien busca eternamente, en un círculo infinito, el lugar que le corresponde. Y, como el horizonte, nunca se alcanza.
Trasplantada a los tres años, desde mi aldea natal, en la Galicia interior y profunda, a una ciudad- metrópoli como Buenos Aires, percibí la sensación de extraña, extranjera, aun entre las caricias y los cuidados que me prodigaron. Me integré sin dejar de sentir nunca la sensación de “ser de afuera”, pese a la hospitalidad y posibilidades que se me brindaron en esta tierra de acogida.
El emigrante siente que debe esforzarse mucho más que el nativo, porque está rindiendo examen, dando cuenta a quienes lo cobijaron, de su nobleza, sus condiciones y su disposición a entregar siempre un poco más de esfuerzo.
Se transforma en un resiliente, una planta que sobrevive en suelo ajeno, al que va integrándose hasta sentirlo propio y en el que deja sus semillas. Sin embargo busca regresar al origen una y otra vez. Y siempre sufre, cuando llega porque la emoción arrasa con vértigo entre recuerdos y reconstrucciones idealizadas , entonces observa al paisaje y las personas con una mirada que trasluce la despedida, porque sabe que deberá volver a partir.
Esto define al migrante, estar siempre llegando para volver a irse, sin tener claro en qué tierra desea dejar sus restos, pero sabiendo que en aquella que lo vio nacer lo esperan sus ancestros, que aún recorren los cuartos de la vieja casa de piedra y le recuerdan quién es, y de dónde es.
Celia Otero Ledo
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