Dos mil ovejas extremeñas toman las calles de Madrid
Guiadas por pastores y mastines pacenses desfilaron ante miles de curiosos en el centro de la ciudad
Un rebaño de más de 2.000 ovejas merinas blancas y negras procedentes de la localidad pacense de Siruela cruzaron ayer el centro de Madrid, guiadas por pastores y perros mastines, en el marco de la XIX Fiesta Nacional de la Trashumancia. En este ya tradicional recorrido del ganado trashumante por el centro de la capital, organizado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente en colaboración con el Ayuntamiento, participaron también una decena de sementales mansos, procedentes igualmente de la comarca pacense de La Siberia, medio centenar de vacas avileñas y numerosos caballos llegados desde Sevilla y Toledo. Los animales iniciaron su ruta en la Casa de Campo y llegaron al centro de la ciudad por los puentes del Rey y de Segovia, Madrid Río, las calles de Segovia y Mayor, la Puerta del Sol, la calle de Alcalá, la plaza de Cibeles y, de nuevo, la calle Alcalá hasta finalizar en Ventas, donde el ganado era embarcado en camiones para su regreso.
Como cada año, un representante del Ministerio de Agricultura y otro del Ayuntamiento de Madrid, en este caso la directora general de Desarrollo Rural, Begoña Nieto, y el presidente del Distrito Centro, José Enrique Núñez, dieron la bienvenida en la plaza de la Villa a los pastores trashumantes. Allí recibieron el simbólico pago en maravedíes que establece la Concordia de 2 de marzo de 1418 entre los Hombres Buenos de la Mesta de los Pastores y los Procuradores del Consejo de la Villa de Madrid para permitir el paso del ganado por la capital.
Ante la mirada curiosa de miles de madrileños y turistas, participaron también grupos regionales folclóricos llegados de diferentes partes de España. Paralelamente, a mediodía en la Casa de Campo tenía lugar una exhibición de esquileo en la que se mostró el proceso tradicional de manejo de la lana, una de las principales materias primas textiles y base de la economía española durante más de cinco siglos.
Con estos actos se pretende reivindicar los derechos de paso, la conservación, el acondicionamiento de las cañadas para el tránsito no motorizado y el desarrollo sostenible, a la vez que acercar el mundo rural a toda la sociedad.
La primera Fiesta de la Trashumancia se celebró en otoño de 1994 con un rebaño de ovejas merinas.
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